15 DE MAYO · RESTAURADOS POR GRACIA

Mefi-boset era alguien a quien la vida lo había golpeado muy duro, por lo que llegó a pensar que él era una equivocación de la naturaleza aun siendo nieto del rey Saúl. Cuando tenía cinco años de edad la criada tenía al niño en sus brazos, al recibir la noticia de la muerte del rey Saúl, padre del niño, por querer correr precipitadamente, tropezó y cayó con él, quedando desde ese día Mefi-boset lisiado de los pies. La vida de este niño fue marcada por el infortunio, pues él se sentía en el abandono más grande. Su padre, sus tíos y su abuelo estaban muertos y él, inválido. Cualquiera podría pensar que la vida así no tenía sentido, pero lo que sucedió en la vida de este niño se ha convertido en la voz de aliento para muchos.

Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.

David, en esta ocasión, es un prototipo de la gracia de Dios para con cada uno de nosotros y de cómo el Señor nos dignifica cuando sentimos que no valemos nada.

No tengas temor. El rey Salomón sabiamente dijo: “El temor del hombre pondrá lazo” (Proverbios 29:25a). El temor, más que una sensación, es la manifestación de un espíritu demoníaco; pero al recibir la Palabra de Dios, ésta nos hace libres. El apóstol Juan escribió: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18).

Tendré misericordia de ti. Esto significa que había hallado gracia delante del rey. La gracia es el favor inmerecido de Dios para aquellos que no la merecen. La gracia no es una paga que se recibe por algo que se hubiese hecho. La gracia dignifica a las personas, eleva su nivel de vida, los hace vivir en familia y logra que todas las bendiciones revivan nuevamente para ellos. La gracia de Dios viene sobre nuestra vida aun cuando sentimos la incapacidad para actuar por nosotros mismos.

Te devolveré todas las tierras. Esto fue una restitución total donde recuperó todas las tierras que habían sido de su abuelo.  Cuando el favor de Dios nos alcanza, se nos restauran Sus bendiciones sobre nuestras vidas. “¡Desde este día te prosperaré!”. En otras palabras, el Señor le está diciendo: “Todo lo que el adversario te quitó, yo te lo restituiré”. Así es nuestro Dios, Sus bendiciones están disponibles y son reales, si tan solo creemos.