MARZO 18 · RESTAURADOS POR GRACIA

La palabra “restáuranos”, usada por el salmista, significa literalmente: “haznos volver”. El salmista sabía que, si no había conversión, tampoco habría salvación. En el idioma hebreo, el vocablo arrepentimiento se define como: “volverse”, que es similar a cuando uno va conduciendo en una dirección y se da cuenta que recorre el camino equivocado, entonces decide voltear o girar en U, o sea, ir en sentido contrario al que se transitaba; el arrepentimiento es igual a cuando nos damos cuenta de que hemos escogido el sendero erróneo y queremos rehacer nuestra vida, comenzar nuevamente. 

En síntesis, el arrepentimiento es un cambio interno producido por la voluntad, llevando al individuo a dar un viraje total a su modo de pensar. Es un darle la espalda al pecado y volver el rostro a Dios. Cuando logramos dar este paso, nos convertimos en nuevas criaturas. 

Todo lo que hicimos en el pasado y todas sus consecuencias van quedando atrás. Al acercarnos a la Cruz de Cristo por medio del arrepentimiento logramos deshacernos de nuestra vieja naturaleza, y el Señor nos reviste de una nueva naturaleza, conforme a Su semejanza. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Después del elocuente mensaje predicado por Pedro en la fiesta del Pentecostés, les dice a aquellos judíos con un deseo profundo de cambio en sus vidas: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38)