MARZO 11 · RESTAURADOS POR AMOR

Todos nuestros pecados y errores merecían recibir un castigo, mas Dios aceptó que Su Hijo Jesucristo tomara nuestro lugar y pagara por ellos. En la parábola del hijo pródigo, el padre decide restaurar la dignidad que su hijo había perdido y hacer una gran fiesta de celebración, mandando sacrificar el becerro gordo en honor a su hijo que había regresado. Porque aquél a quien tenía por muerto había vuelto a la vida; y el que se había perdido, fue hallado (Lucas 15:24). Ese sacrificio es un prototipo del sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, el único medio establecido por Dios para reconciliarnos consigo mismo. “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados…” (Efesios 1:7a). El propósito de Dios con el hombre está encerrado en el término redención. Mediante Jesucristo, Dios se propuso redimir al mundo de pecado y abrirle la puerta a la salvación eterna. Hay tres palabras en griego que traducen “redención”:

 

  • Agorazo: Comprar en el mercado. Esta palabra encierra la idea de un mercado de esclavos.
  • Exagorazo: Comprar y sacar del mercado. Ser redimidos equivale a no seguir expuestos a la venta.
  • Lutroo: Soltar. Poner en libertad mediante el pago de un precio.

 

Estas tres palabras nos ayudan a entender que éramos esclavos del pecado porque Satanás tenía el control pleno de nuestras vidas, pero que Cristo se hizo hombre para tomar el acta de decretos existente contra nosotros y anularla en la Cruz del Calvario. La sangre derramada fue el precio que Cristo pagó para hacernos libres de la esclavitud.  Su muerte en la Cruz nos dio plena libertad. De esta manera, fuimos redimidos del pecado.