FEBRERO 17 · RESPONDIENDO AL LLAMADO

Isaías era un hombre que servía a Dios, y por lo tal se consideraba una persona integra; pero cuando tiene la revelación de la gloria de Dios; todo lo oculto de su corazón salió a la luz, y espantado exclamo: : ¡Ay de mí! que soy muerto! Muchos no alcanzan a dimensionar el efecto nocivo producido por las palabras.

El apóstol Santiago dijo: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”. (Stg 3:5,6). La lengua ese miembro tan pequeño pero es completamente letal; es jactanciosa, es incendiaria, es un mundo de maldad; y el combustible lo recibe del infierno.

Gracias a Dios, que en el pentecostés el Espíritu Santo vino del cielo con un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Hch 2:2-4). lo primero que hizo el Espíritu Santo, fue tomar control de las lenguas de sus discípulos y desde ese instante, todo en ellos cambio. El Seño Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (Jn 6:63). 

Salomón dijo: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos”. (Prov. 18:21).