13 DE JULIO · RENACIDOS POR LA PALABRA

Que importante notar que antes de decir que somos renacidos, dice que fuimos rescatados de la vana manera de vivir, por medio de la preciosa Sangre de Cristo (1 Pedro 1:18-19). La Sangre de Jesús tuvo que ser derramada para llevar a cabo el proceso de santificación. Cuando reconocemos nuestros pecados, lloramos ante Dios y nos arrepentimos con todo el corazón, entonces la Sangre de Jesús nos limpia; luego Él establece la semilla de Su Palabra dentro de nosotros. Jesús es el Árbol de Vida y la semilla de Su Palabra, al ser plantada en nosotros, debe dar la misma clase de fruto, porque la semilla posee la naturaleza del árbol del cual proviene.

La semilla plantada en nosotros es incorruptible, nada tiene que ver con el pecado y la maldad. La semilla de Su Palabra es pura, santa, perfecta. Es la semilla que el Señor planta en quien ha sido lavado con Su Sangre. Al hablar de ‘simiente’ se refiere a una descendencia o ascendencia, es decir, algo genético. No habla de lo heredado de nuestros padres porque ellos pecaron, murieron y nosotros sufrimos las consecuencias; habla de que recibimos la Palabra pura, santa, imperecedera de Dios para que, por ella, podamos crecer. Para renacer, usted necesita considerar los siguientes pasos:

Lo primero es que la semilla de la Palabra sea plantada en su corazón. Lo segundo es que la semilla plantada, permanezca para siempre. En tercer lugar, recuerde que aunque todo alrededor perezca, crea que la semilla sigue creciendo porque es indestructible. en cuarto lugar, semilla debe plantada por medio de la Palabra de Dios. Y por último deseche toda duda o temor que traten de impedir que la semilla sea plantada en su corazón.

Si anhela que la Palabra permanezca pura en su vida, no piense mal del que habita confiado junto a usted. No sea oportunista. No se aproveche de las circunstancias. No tome partido. No saque ventaja. No defraude ni difame a nadie. No abuse de su autoridad. No permita tales cosas en su corazón. Quitando todo esto, deseemos como niños recién nacidos la leche pura, no adulterada para crecer por medio de ella, como lo dice el apóstol Pedro.

Recuerde cuando el ángel Gabriel visito a María le dijo: “… no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:30-33).

Era imposible el embarazo, pues María no había tenido contacto con varón, pero el ángel le dijo que sería obra del Espíritu Santo. María toma esas palabras y las cree, diciendo: “Hágase conmigo, conforme a tu palabra”.

Recuerde que en Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Determínese a que su boca hable con Dios y que sus oídos le escuchen a Él.