14 DE NOVIEMBRE · RENACIDOS EN DIOS

La fructificación es el resultado de una vida quebrantada por el poder de la Palabra de Dios; es el proceso mediante el cual renacemos. En cuanto a la fructificación, debemos tener en cuenta lo siguiente:

– La semilla santa e incorruptible de la Palabra de Dios debe ser plantada en nuestro corazón. Esa semilla es a prueba de todo, no se destruye, sino que permanece para siempre. Cuando la Palabra de Dios ha sido sembrada en nuestra vida, los ataques, luchas y oposiciones no se hacen esperar. Si aún así nos aferramos a la Palabra, ésta permanecerá para siempre.

– La semilla es indestructible. Todo a su alrededor se puede deshacer, pero ella conservará su esencia.

– La Palabra es recibida por la lectura de la Biblia o por escuchar la predicación de la misma. Primera de Pedro 1:25b dice: “Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”. El plan de Satanás es que usted se olvide del mensaje que ha recibido.

En mi equipo de doce en Colombia, hay algunos discípulos que crecen mucho más que otros. Tres de ellos superaron a todos los demás en miles de células. Cuando les pregunté a qué se debía, ellos me respondieron que cada enseñanza que yo daba, la aplicaban al pie de la letra. Ellos las escriben, las repasan, se llevan las conferencias grabadas, las escuchan varias veces, porque entienden que es la voz de Dios aconsejándolos, que es el rhema para sus vidas. Lo único que hacen es aplicar lo que se les ha enseñado. Debemos desechar aquello que resulte perjudicial para nosotros. “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:1-2).

La comparación que hace el apóstol entre la leche y la Palabra, es que si se permite la malicia, el engaño, la hipocresía, las envidias y todas las demás detracciones, esto agriará la Palabra, el alimento que yace en nuestro corazón. Todo el éxito de la Palabra tiene que morar en su corazón, tiene que penetrar hasta que sea uno con usted, así como Jesús es uno con el Padre y el Espíritu Santo.

En Juan 17:8, Jesús dijo al Padre: “Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste”. Jesús, en esa oración, le está diciendo al Padre que las palabras que había recibido de Él, Él había sido fiel en transmitirlas a sus discípulos, quienes también las recibieron.

La Palabra primero estaba en Jesús, pero luego fue reproducida a sus discípulos; y éstos retuvieron esa palabra para luego poder reproducirla en otros. La Palabra debe morar en plenitud en su vida, a tal punto que cuando hable, lo haga con el mismo poder y la misma autoridad que Jesús.