22 DE JUNIO · RELACIONÁNDONOS CON LA PALABRA DE DIOS

La Biblia es la Palabra infalible de Dios, no podemos aceptar ningún otro libro que pretenda serlo. Cuando nos apropiamos de ella como alimento permanente y permitimos que more en abundancia en nosotros, la confesión cambia y, a medida que la estudiemos, los velos en nuestra mente irán desapareciendo, la verdad se irá aclarando y las cadenas que nos ataban se desintegrarán.

Con esto, el Apóstol sentó un precedente, que toda la Biblia fue escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo. Significa que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento tienen el mismo valor e inspiración.

Desde el libro de Génesis al Apocalipsis, todo es Palabra de Dios. Se escribió en un período de mil seiscientos años; participaron unos cuarenta hombres, quienes fueron los escritores sagrados de diferentes épocas, culturas y estratos sociales; entre ellos, poderosos monarcas, ilustres estadistas, mujeres virtuosas, jueces, gobernantes, profetas, funcionarios, labriegos, pescadores.

Sólo en la Palabra de Dios se encuentra la autoridad que justifica la fe del creyente. Ningún documento elaborado por el hombre puede reemplazarla, por más alto contenido científico que tenga. La Biblia revela el propósito de Dios con el hombre y da la orientación doctrinal que éste requiere para crecer hasta alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo.

Pablo dijo: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:9-10).

Pedro dijo: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21). El Apóstol entendió que toda la Biblia es la voz profética de Dios y que sólo pudo haber llegado a nosotros gracias a hombres dispuestos a pagar un precio por mantenerse en pureza y santidad, a fin de que la gracia de Dios fluyera a través de sus vidas. El Señor dijo al profeta Isaías: “Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre” (Isaías 30:8).

Isaías pudo ver que todo el sufrimiento de Jesús era la consecuencia de llevar sobre Sus hombros la maldición de toda la humanidad; “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído” (Isaías 52:14-15).