21 DE SEPTIEMBRE · RELACIONÁNDONOS CON EL PADRE

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:8-9). El Señor en un lenguaje sencillo trata de enseñarle a Felipe la unidad plena de Dios; es como si alguien me dijera: “Muestrame tu espíritu y quedaré satisfecho”.

Jesús le quiere hacer ver a Felipe que el Padre Dios está dentro de Jesús y Él lo da a conocer con sus obras. Soy consciente de que a veces en nuestra mente es difícil el comprender este concepto, pero hay cosas que usted no las ve y sin embargo no puedes vivir si ellas; tales como el aire que tu respiras no lo ves pero es real y tu nunca cuestionas la realidad del aire. Con Dios sucede algo similar; usted no lo ve, pero sin Él, su espíritu dejaría de existir. Aquellas personas que están distanciadas de Dios, aunque sean conscientes este sistema de cosas; su parte espiritual permanecerá muerta.

Por tal motivo Jesús llamó a los líderes religiosos de su época: sepulcros blanqueados. Que aparentaban ser una cosa pero por dentro eran otra completamente diferente; pues estaban llenos de huesos de muerto. Refiriéndose a la muerte espiritual de ellos. Debemos entender la siguiente analogía: el mundo de Dios es predominantemente un mundo invisible; porque esa es la naturaleza de Él. Nosotros pertenecemos al plano natural; pero todas las riquezas de Dios están en el plano espiritual, para poder hacerlas nuestras, debemos entrar en el mundo de Dios, y además debemos saber hablar el lenguaje que usa en el plano espiritual.

Solamente a través de Jesús podremos tener entrada en ese reino espiritual, y la fe abrirá nuestros ojos para poder ver las bendiciones que Dios ha reservado para cada uno de nosotros; pero el poder de la palabra hablada, será la que se encargará de traer lo espiritual al plano natural. Esto es llamar las cosas que no son como si fuesen.

El Salmo 112:1-4 ilustra con precisión la manera como el Señor garantiza el éxito a través de las Escrituras: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre”. Podemos observar que antes de recibir la bendición, primero debe haber un compromiso de nuestra parte, esto es:

a) Temer a Dios

b) Deleitarnos en sus mandamientos en gran manera

El compromiso con Dios y con su palabra, inmediatamente mueve la mano de Dios para bendecir a nuestra descendencia; y traer la bendición sobreabundante a nuestras casas. “Pues la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios.” Romanos 10:17.