30 DE ABRIL · REFUGIÁNDONOS EN LA ORACIÓN

Muchas oraciones carecen de poder por falta de entendimiento, gracia y fe, en aquello que le estamos pidiendo a nuestro Dios. Se que la oración viene como resultado de una buena relación. Cuando en el matrimonio, la comunicación es estable, la relación es solida. Lo mismo sucede en la oración, cuando la comunicación con Dios es estable, la relación es solida.

Así como la experiencia del amor es única, también lo es la experiencia de la oración. Sólo la vive aquel que la practica. Hablar con Dios nunca puede ser algo aburrido, pues cada segundo que Él nos permite estar en Su presencia es una experiencia muy impactante, casi indescriptible. Él nos hace sentir importantes, nos demuestra Su amor, nos revela Su voluntad, nos protege bajo Su sombra y suple todas nuestras necesidades.

Debemos entender que dentro de nosotros tenemos dos naturalezas, la espiritual y la carnal. Pablo dijo que el deseo de la carne es contra el espíritu y el del espíritu es contra la carne, y los dos se oponen entre sí. Por tal motivo, hay una lucha interna para poder entrar en comunión con Dios.

Además, la mente trata de divagar constantemente. Pero en la medida que practiquemos la oración, nuestro hombre espiritual se irá fortaleciendo y la naturaleza carnal se irá debilitando.

La puerta para poder relacionarnos con Dios es entender lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario este es el principio fundamnetal de la oracion. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” (Marcos 11:24-26). La fuerza de la oración es la fe y el corazón perdonador.

El Señor desea que disfrutemos de Su intimidad, de la misma manera que un padre amoroso disfruta de la relación con sus hijos. Él está dispuesto a mover Sus ángeles en nuestro favor para que podamos obtener lo que nuestro corazón desea; porque si tenemos la capacidad de pedir con fe, Él lo hará. “Y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo, si algo pidieres en mi nombre yo lo haré” (Juan 14:13-14).

Tengamos un corazón agradecido. Posiblemente, usted recordará aquella escena donde el Señor sanó a diez leprosos y tan sólo uno de ellos regresó para darle las gracias, por lo cual el Señor le preguntó: “¿No fueron diez los que limpié?, ¿dónde están los otros nueve?” (Lucas 16:17-18). Sólo uno de los diez tuvo la actitud correcta de gratitud, y éste no era judío sino samaritano. Pablo escribió: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu.” (Tesalonicenses 5:16-19).