2 DE MAYO · REDIMIDOS POR SU SANGRE

El escritor a los hebreos toma como ejemplo los sacrificios de machos cabríos y de becerros que se ofrecían en la antigüedad, para la purificación del pueblo, los cuales gozaban de un poder temporal para impartir perdón de pecados; y añade: “¿Cuánto más la sangre de Cristo? Si Jesús no hubiese tenido el apoyo del Espíritu Santo habría sido imposible que la redención se llevara a cabo».

Desde el momento en que Jesús inició Su ministerio, comenzó a desalojar al adversario de la vida de las personas, de la tierra, de cada área donde ejercía su maligno dominio y control. Cuando la primera pareja fue vencida por el enemigo de Dios en el paraíso, perdieron todo. Ahora, miles de años más tarde, Jesús enfrenta al adversario en el lado opuesto, en el desierto. La estrategia que Satanás usó para intentar vencer al Hijo del Altísimo es presentarle una visión del paraíso, ofreciéndole el dominio, a cambio de una simple adoración. Jesús no se dejó impresionar por ello, pues había sido Él mismo quien creó el paraíso; declarando la Palabra de Dios, fue doblegando al enemigo. En medio de su desespero, el diablo usó sus armas favoritas:

– La traición por parte de uno de los mejores discípulos.
– El flagelo sobre Su cuerpo por parte de los verdugos romanos.
– El escarnio a través de la corona de espinas.
– Herir Su autoestima desfigurándole la cara y arrancándole la barba.
– Atar Sus manos para que no siguieran haciendo el bien a la humanidad.
– Fijar Sus pies al madero para que no continuaran cumpliendo el propósito divino.
– Deshacer Su corazón presionándolo con profunda angustia.

Sobre cada uno de estos aspectos, Jesús obtuvo victoria total; el enemigo fue derrotado. Antes de dar Su último suspiro, Él dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). Todo lo que implicaba rescatar y liberar a la humanidad del dominio del adversario ya había sido hecho y, como resultado del éxito de Su misión, al tercer día Jesús resucitó de entre los muertos.

Cuando entendí el poder que existe en cada uno de los derramamientos de la Sangre de Jesús, mi oración cambió sustancialmente. No debía enfrentar de una manera personal al adversario, pues comprendí que todo lo había hecho la Sangre de Jesús y que lo único que yo tenía que hacer era aplicarla y esperar en Él. Sé que Dios no hace acepción de personas; recuerde la sangre de Jesús fue el precio que Él pagó por nuestra redención, lo único que usted tiene que hacer es aceptar todo lo que Jesús ya hizo por su vida.