12 DE JULIO · REDIMIDOS POR SU AMOR

El libro de Génesis es el libro de los “comienzos”, allí podemos descubrir el corazón del Padre Celestial al crear la tierra y la humanidad. Es el libro que nos muestra la idea original de Dios para el hombre y el propósito por el cual él fue creado.
El primer versículo nos habla de un Dios Creador. La palabra utilizada aquí como Dios es “Elohim”, una palabra plural, lo cual denota que el Dios Trino: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, trabajaron unidos en perfecta armonía para crear los cielos y la tierra. El Padre diseña, el Espíritu Santo engendra y el Hijo; o el Verbo de Dios ejecuta. Y como resultado fue la creación.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”, esto lo encontramos en Génesis 1:27. Y el capítulo 2, verso 27 declara: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). La palabra aliento en Hebreo es Nefesh. Dios creó al hombre espíritu, alma y cuerpo. Cuando una persona muere, su espíritu se va y ésta deja de respirar. Pero también su alma lo deja y por esta causa la sangre deja de fluir.

Una de las advertencias que el Señor hizo al pueblo de Israel fue que ninguno de ellos debía comer sangre de ningún animal, y da la razón por la que esto no se debe hacer: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Levítico 17:11). Al respecto, el Dr. Derek Prince comentó: “Un alma hace expiación por otra. Como el alma reside en la sangre, ésta se debe derramar en la expiación, dar una vida por otra”.

Todo lo que Dios creó lo puso bajo el dominio del hombre, pero cuando éste pecó, prácticamente quedó bajo cautiverio, Cuando a una persona la secuestran, siempre piden por el rescate un precio muy alto. El enemigo tenía a toda la humanidad secuestrada y el precio del rescate era demasiado alto; a través del salmista David, el Señor dijo: “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás)” (Salmos 49:7-8).

No había manera de pagar un rescate por la redención, el precio que se requería era muy alto, era un precio de sangre. Pero gracias a Dios por la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).