8 DE MAYO · REDENCIÓN FÍSICA

La sanidad divina fue algo que el Señor Jesús dejó a nuestro alcance. Así como se tiene la fe para la salvación del alma, también debemos tener la fe para la sanidad del cuerpo. La obra de Jesús en la Cruz del Calvario fue integral, es decir, incluyó todo: salvación del alma, sanidad del cuerpo y liberación de toda clase de maldiciones.

Jesús, a través de la Cruz del Calvario, le quitó todo el poder, toda la fuerza, toda la autoridad al enemigo, y recuperó todo aquello que Adán había perdido:

Nos dio vida cuando estábamos muertos (Efesios 2:1).

Nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).

Nos hizo partícipes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4).

Nos dio Su Espíritu Santo como guía (Romanos 8:14).

Nos dio el privilegio de que Cristo more en nosotros, pues estamos juntamente crucificados con Él (Gálatas 2:20).

La enfermedad vino al mundo como consecuencia del mismo pecado del hombre. Las enfermedades están incluidas en el paquete de maldiciones registradas en Deuteronomio capítulo 28, las cuales se presentan por la desobediencia a los designios divinos.

“Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán” (Deuteronomio 28:15). Podemos ver que tanto la enfermedad como la salud, depende la manera como nos relacionemos con Dios.

Debido a su derrota, el adversario se esfuerza para que la gente se mantenga en ignorancia sobre el evangelio, pues si ignoran el poder de Dios, le será fácil doblegarlos y tenerlos bajo su control, y de esta manera tener dominio sobre sus cuerpos.

El evangelista T.L. Osborn compartió acerca de una enseñanza que recibió de un predicador, quien explicó cómo es el trabajo de los demonios:

“Estos son personalidades incorpóreas pero son personalidades; por ejemplo, si yo no tuviera mis dos brazos ni mis dos piernas, seguiría siendo yo mismo, pero si me sacaran los ojos, perdiera los oídos, no pudiera hablar, seguiría siendo yo mismo pero no tendría manera de expresarme. Así son los demonios, son personalidades, no tienen brazos, no tienen piernas, no tienen ojos, no tienen boca, no tienen oídos, pero son personalidades que necesitan un cuerpo para expresarse, ellos buscan cómo entrar en el cuerpo humano para usar la boca, la mente, los brazos, los pies para corromper la humanidad, por eso encontramos tantas películas diabólicas, porque seres humanos abrieron la mente para que los demonios entraran, los inspiraron y usaron las manos de ellos como su pluma para propagar la inmundicia alrededor de la tierra”.

La enfermedad es producto de un germen maligno, que una ves entra en el cuerpo humano, crece, se reproduce, pero con el poder de la sangre de Jesús; muere.