21 DE JULIO · REDENCIÓN ABSOLUTA

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”. (Salmos 32:1-2)

La palabra bienaventurado significa doblemente bendecido y esto nos permite entender el valor que tiene para una persona recibir el perdón divino. Esto lo entendió perfectamente el Rey David cuando pudo ponerse en paz con Dios después de haber caído en pecado con la mujer de Urías.

Recordemos las consecuencias que trajo el pecado a la vida de David: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano” (Salmos 32:3-4).
Recordemos que todo pecado no confesado afecta las siguientes áreas:

1. Área física: “Mientras callé se envejecieron mis huesos”.

2. Área emocional: “En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano”.

3. Área financiera: “Se volvió mi verdor en sequedades de verano”.

Sin embargo todo cambió cuando David experimentó un genuino arrepentimiento e hizo una detallada confesión de su pecado.

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmos 32:5).

Por favor note que el versículo dice “tú perdonaste” (en tiempo pasado) la maldad de mi pecado. Esto nos enseña que en Jesús, Dios ya perdonó todas nuestras iniquidades, pero que la confesión y el arrepentimiento son la puerta para recibir la dicha del perdón.

Apreciado amigo, tal vez usted sienta que sus malas decisiones lo han apartado completamente de Dios y que usted no tiene ninguna oportunidad de reconciliarse con Él, pero por el contrario, Dios lo llama para que usted pueda recibir la dicha del perdón.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…” (Romanos 8:1).

Estar en paz con Dios y con usted mismo le permitirá acceder a las bendiciones que Dios tiene preparadas para usted y también a la restauración de su salud, de sus emociones y de su familia.

No siga siendo una víctima más de la culpabilidad, sino que entréguese completamente a Jesús, demuestre un genuino arrepentimiento y empiece a vivir una nueva vida, sin cargas, sin culpas, pero más importante que todo, de la mano de Jesús, que lo ayudará siempre a salir adelante.

Note que en el momento el que David confesó sus pecados, su relación con Dios fue restaurada plenamente, por eso pudo decir: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado…” (Salmos 32:6).

David ya se sentía como una persona totalmente santa. Por eso me gustaría invitarlo a que orar conmigo de la mano de este salmo, que entregue sus cargas y que tenga un nuevo comienzo en santidad con Dios.