4 DE MAYO · RECOMPENSA A LOS QUE PERSEVERAN

La fidelidad nada tiene que ver con las emociones o los buenos deseos, ser fiel es una determinación de la voluntad. Si hay algo en que es probado en el ser humano es la fidelidad. Aunque Lucifer (antes de su caída) era un querubín perfecto en todos sus caminos, él era un ser creado, mientras que Jesús, el Verbo de Dios, no tuvo principio de días ni tampoco tendrá fin de días, pues Él siempre fue, es y seguirá siendo Dios. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1:1-2). Al respecto, el apóstol Pablo comenta: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15-17).

¿No es maravilloso que el ser más poderoso de todo el universo decidiera dejar toda Su gloria, en la que millones de ángeles le servían y estaban dispuestos a acatar todo lo que Él les dijera, solamente por amor? A través del profeta Isaías, entendemos que Jesús ya había sido escogido por Dios como Su siervo. “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley” (Isaías 42:1-4).

Jesús no quiso aferrarse a su investidura de Dios, sino que decidió renunciar a todos sus privilegios que tenía como Dios y aceptó vivir en un cuerpo humano, y en el lenguaje más sencillo nos reveló la verdad de la vida eterna, que consiste en relacionarnos correctamente con Dios, pues de esa comunión dependerá nuestro destino eterno. En el evangelio de Juan, Jesús dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

El adversario quiso mantener su argumento de que ningún humano podría vivir en integridad y tenía la certeza de que todos se doblegarían ante el pecado en cualquier momento de sus vidas. “Todos los obstáculos que el enemigo le puso a Jesús en Su condición humana, Él los superó con rotundo éxito”.