9 DE MAYO · RECIBIENDO LA REVELACION DE LA PALABRA

Debemos entender que todo lo que existe es producto de la palabra y por lo tal todo lo que deseemos conquistar debe ser también resultado de la palabra. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:1-3)

Jesús es el verbo de Dios que siempre ha existido. Pero el Verbo, o la palabra de Dios, siempre trabajan juntos. Jesús es la palabra viva de Dios que opera en armonía con el Espíritu Santo. En la creación, ambos lograron transformar el caos en algo útil y hermoso. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). Solo después de que Jesús fue lleno del Espíritu Santo, fue que empezó a brillar y Juan el Bautista vio en Jesús la plenitud de la gloria divina cargada de la gracia sobreabundante del Padre.

Hoy podemos recibir la plenitud de las bondades de Dios; la cual supera de una manera sobreabundante a la ley de Moisés. En Jesús estaba la plenitud y la gracia Divina, solamente a través de Él; esto es: Su vida, Sus enseñanzas, Sus milagros, Su sacrificio, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión al cielo, se convirtieron en la máxima expresión del amor de Dios para con aquellos que no tenían ninguna esperanza de vida.

Era indispensable que el Verbo de Dios se hiciera carne, pues en Él reposa toda la autoridad y la potencia divina; y cada palabra que salía de Sus labios era dinamita que derribaba las fortalezas del diablo y doblegaba los poderes demoniacos. El centurión romano, era un hombre que no era judío, pero Dios corrió el velo de su mente, y pudo percibir en su corazón el poder de Dios en su palabras; por tal motivo le dijo a Jesús: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace” (Mateo 8:8,9).

Basado en el principio de autoridad y sumisión; este hombre entendió que Jesús es la máxima autoridad en el reino espiritual y que tanto los ángeles como los demonios se someten a Él; Jesús quedó tan sorprendido por su capacidad de creer que dijo a los que le seguían: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:10,13).