19 DE NOVIEMBRE · RECIBIENDO SABIDURÍA Y REVELACIÓN

Cuando la tormenta amenazaba con hundir la barca en que viajaban Jesús y sus discípulos, el Señor se levantó y tomó control de la situación. Con toda la tecnología y todo el avance científico de nuestros días, el hombre es impotente ante la furia de la naturaleza. Lo único que puede hacer ante ella es buscar refugio. Los discípulos fueron sorprendidos en medio del mar por una fuerte tormenta, y ellos sabían que lo único que los podría salvar era un milagro. Eso fue exactamente lo que sucedió a través de la palabra de autoridad expresada por Jesús; aunque sabemos también que esto es una alegoría de cómo una voz de autoridad puede traer paz ante circunstancias adversas.

Esto lo hemos podido ver vez tras vez en nuestro ministerio, donde hemos tenido que enfrentarnos ante la tormenta de la crítica. Con nuestro liderazgo, hemos tomado autoridad, y después de reprender los vientos, la tormenta desaparece. “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efesios 1:17). La oración que hace el apóstol, es para que el Señor les dé espíritu de sabiduría, necesario para conocer su consejo, y revelación en el conocimiento suyo. Pablo está preparando el terreno.

Él quiere decirle a los creyentes: “Lo que les voy a enseñar es tan importante que necesitan sabiduría y revelación para comprenderlo; no les voy a hablar de cualquier cosa, sino de algo muy importante. Por eso, deben tener los cinco sentidos bien despiertos, para que puedan comprender lo que voy a hablarles”. Cada vez que leo la Biblia, hay un mensaje directo y específico de Dios clavándose en mi corazón. Inmediatamente lo comparto con mi esposa y con mis hijas. De esta manera, La Biblia se convierte en el alimento para mi vida. Para hablar como sabios, debemos saber escuchar primero. Continuamente el Señor enfatiza la importancia de escuchar, pero debemos hacerlo con mucha atención, para poder discernir lo que nos quiere ministrar.

El profeta Isaías dijo: “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4). O sea, para que podamos hablar como sabios, primero tenemos que ser diligentes en escuchar lo que Dios nos dice; esto es, debemos ser sensibles a la revelación divina. Sabemos que la voz de Dios viene a través de una disciplina cotidiana. Desde temprano debemos esforzarnos por tener ese contacto con la Palabra, mañana tras mañana, día a día, para que la revelación de la Palabra traspase nuestros oídos espirituales. De esta manera, el velo espiritual se corre, y podemos entender con claridad la revelación que el Espíritu de Dios nos da de la Palabra.