2 DE SEPTIEMBRE · TENIENDO UN CORAZÓN SANO

Si hay algo que revela la vida de cualquier persona es su corazón. Todos venimos a este mundo en el mismo trayendo un corazón sano, pero debido a las circunstancias, se pueden producir cambios muy dramáticos. Pero el deseo de Dios con cada uno de nosotros, es que podamos dar fruto abundante en cada área de nuestra vida; entendiendo que esto será el resultado de un corazón completamente sano.

En la parábola del sembrador, el Señor habló acerca del sembrador, la semilla y el lugar donde esta cae; y luego menciona cuatro lugares donde se puede depositar la semilla: 1. En el camino; 2. En pedregales; 3. Entre espinos. 4. En buena tierra.

Los tres primeros lugares son obstáculos para que la semilla cumpla su propósito. El primero el diablo roba la semilla, el segundo es de corta duración y el tercero la enreda y la destruye. Pero la cuarta esa si es la correcta; porque cayo en buena tierra, y esto nos habla de un Corazón bueno. es decir; describe a alguien que no ha permitido el odio, ni la amargura, ni el resentimiento, tampoco la envidia y mucho menos la malicia dentro de si. sabemos que de la abundancia del corazón habla la boca: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca (habla) buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca (habla) malas cosas” (Mateo 12:34-35) “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37).

Un corazón recto. Es sinónimo de integridad, ausencia de egoísmo y vanidad. El salmista dijo: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación” (Salmos 24:3-5).

Estos corazones serán los que darán fruto con perseverancia, lo cual se verá reflejado en una multiplicación abundante. Para fructificar y multiplicarnos debemos ser buena tierra. Pablo en su carta a los Romanos dijo: “Mas ahora que habéis sido librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación…” (Romanos 6:22). El Señor Jesús declaró: “Yo soy la vid verdadera, y mi padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve mas fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:1-3). Nuestro destino depende de lo que hayamos atesorado en nuestro corazón. Sembremos a diario muchas semillas de vida, pues estas nos protegerán para siempre.