27 DE SEPTIEMBRE · ¿QUIÉN ES LA VERDAD?

Es una de las preguntas que Pilatos hizo a Jesús, pero no esperó la respuesta, tal vez la hizo como un simple formalismo. La respuesta a ella, ya el Señor la había dado a Sus discípulos cuando Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:5-6). El Señor le estaba diciendo que aquel que estuviera perdido en el laberinto del mundo y no supiera hacia dónde dirigirse, debía creer en Él pues “Yo soy el camino”. Todo aquel que se encuentre confundido ya sea por la religiosidad o las filosofías de este mundo, que crea que “Yo soy la Verdad”.

Para todo el que sienta que su vida carece de sentido, “Yo soy la vida”. Jesús se presenta como la verdad de Dios. En el principio era el Verbo, era el Logos (Juan 1:1). La palabra logos, para los griegos tenía varios significados: sabiduría, inteligencia, expresión. Algunos filósofos enfatizaron este aspecto. Heráclito, filósofo de Éfeso en el año 560 a.C. quien decía que todas las cosas estaban en continuo movimiento. “Si todo se mueve, ¿a qué se debe que no exista caos en este sistema de cosas?”, se preguntaba y llegó a la conclusión de que detrás de todo cuanto existe está la expresión del logos divino.

Todo lo que sucede se da por el logos, pues es el juez y la verdad; el logos no es inferior a la mente de Dios quien controla este mundo y a cada hombre en particular. Juan toma los conceptos de los hebreos y los griegos para presentar un evangelio que destaca a Jesucristo al decir: “En el principio era el logos”. Porque verbo es lo mismo que logos, con el significado de inteligencia, sabiduría y expresión. Esta vinculación directa que hace Juan entre la palabra y el mismo Jesús se considera uno de los factores que determina a La Biblia como autoridad en sí misma. El autor de la carta a los hebreos presenta dos textos que sintetizan la relación entre Jesús y la autoridad de la Palabra de Dios.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien a si mismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2). El escritor a los hebreos sabía que Dios siempre había hablado a Su pueblo a través de los profetas.

Más ahora el mensaje de Dios es revelado por Su Hijo Jesucristo. Cada palabra que salía de los labios de Jesús estaba cargada de poder y autoridad. Los escépticos y los adversarios enmudecían y hasta la naturaleza se doblegaba ante Él.