20 DE JUNIO · ¿QUIÉN CONTROLA MI LENGUA?

El profeta reconoció que el pecado que había controlado su vida estaba en su boca. Cuantos de nosotros nos acostumbramos a hablar palabras de queja, de critica, de juicio, de condenación, de muerte, de fracaso, etc. Y no nos damos cuenta del efecto tan letal que ese tipo de palabras traen a nuestras vidas. El apóstol Santiago al respecto dijo: “Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.

La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:6). El apóstol de una manera muy práctica, describe todo lo que produce la lengua: a) es un fuego. Que arrasa con todo lo que se cruce en su camino; b) es un mundo de maldad. Es tan sagaz, que de una manera muy sutil desplaza todo lo bueno, para entronar el mal en todo su contorno; c) contamina todo el cuerpo. Tanto los problemas físicos, emocionales, espirituales, económicos y familiares se originan en la lengua; d) Inflama la rueda de la creación. Es la que se ha encargado de contaminar todas las esferas de la sociedad y todo se debe a que las mismas personas han dejado que el infierno les domine. Santiago también dijo: “Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.” (Santiago 3:4,5).

Podemos sintetizar que quien domine la lengua, domina el cuerpo entero. Y esto fue lo que prometió el Señor a Sus discípulos cuando les dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos.” (Hechos 1:8).

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4).

Y lo primero que el Espíritu Santo controló fue la lengua de todos los que estaban en el aposento alto.

Recuerde lo que el Señor dijo: “El Espíritu es el que da vida”, las palabras cargadas de la presencia de Dios son las que dan vida.