9 DE MARZO · QUEBRANTANDO EL ESPÍRITU BARJESÚS

En el hogar de un joven donde decían, él y su familia, que aparecían sombras y se escuchaban ruidos, querían una solución y un amigo de confianza les expuso que Cristo es la solución,. Sólo uno de ellos aceptó la solución, el hijo de la familia quien acepto a Cristo en su corazón. Pero todavía la madre preguntaba qué podía hacer para ahuyentar las “sombras”, y su amigo le dijo que tenía que aceptar a Cristo y ser fuerte espiritualmente, comenzar a estudiar la Palabra y obedecer a Cristo, entonces ella alegó tener la Biblia abierta siempre en el salmo 91, por ende que ya tenía el poder de la Palabra.

Realmente su amigo quedo desconcertado, y se preguntaba ¿Y que hay con tener la Biblia abierta en el Salmo 91?, es como poner un pan delante de mí y así me quitara el hambre o por solo mirar la ducha ya estar bañado.

Entonces para encontrar una forma simple de explicar que es necesario tener una relación con Cristo, además de sólo tener la Biblia, Dios puso en su mente esta historia.

Imaginemos que nuestra Biblia es una espada dentro de una caja, ¿acaso el hecho de tenerla nos garantiza protección?, un joven tenía la espada ahí en su casa y ocurrió en dos ocasiones que se entraron a su casa a robarle y el joven tenía la espada en la caja y no se defendió, es lo mismo por tener La Biblia eso no nos defenderá de un ataque, sería solo como una espada ornamental.

Hay muchos que temen enfrentar una guerra espiritual, y muchos que se ven involucrados en una sin estar realmente preparados, La Biblia es clara, la palabra de Dios es la espada del Espíritu, si queremos estar armados y listos para guerrear es necesario conocer la Palabra, estudiarla a diario, hacer el devocional, obedecer lo que Dios nos está indicando, y también obviamente orar mucho.

Sólo entonces podremos enfrentar una guerra espiritual y salir victoriosos logrando echar toda “sombra” que nos esté molestando o tentación que nos quiere llevar a pecar. Así que saca la espada de la caja y comienza a restaurarla, que en la vida de un cristiano no te sirve una espada de ornamento.