ABRIL 6 · PROTEGIENDO NUESTRO CORAZÓN

Nuestro corazón está muy ligado a nuestra mente y podemos aceptar tanto lo bueno como lo malo. El apostol Santiago escribió: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?” (Santiago 4:1).

Desde el momento en que Dios puso a la primera pareja en el huerto del Eden, se dio origen a esa batalla interna en el corazón del hombre; pues aunque la primera pareja fue creada por Dios y en su amor el Señor preparo todo en el Eden para que a  la familia de Adan no le faltase nada. Pero todo cambió cuando la serpiente entró en escena, sembrando en el corazón de cada uno de ellos semillas de rebelión.

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. (Santiago 4:4). Satanás sabe que si logra conquistar la mente del hombre, lo esclaviza totalmente; pero el Señor quiere que tengamos la mente de Cristo. El apóstol Pablo dijo: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Es en la mente donde más se reciben los bombardeos de distintos argumentos, es allí donde se reciben las ideas de Dios o las del enemigo. Ideas de rencor, de venganza o de odio, vienen del adversario; en tanto que toda idea sana y edificante viene de Dios. Los triunfadores son aquellos que solo aceptan las ideas y la visión de Dios para desarrollarse en la vida.