9 DE NOVIEMBRE · PROTEGIENDO NUESTRA IMAGEN

El ser humano -espíritu, alma y cuerpo- es un ser tripartito, creado a imagen y semejanza de Dios.

RESTAURANDO NUESTRA IMAGEN · Dios nos creo a su imagen

– La meta del adversario es deteriorar nuestra imagen, porque él odia a Dios y todo lo que se parezca a Él.

– El deseo de Jesús es que recuperemos nuestra identidad.

– Que volvamos a creer en nosotros mismos.

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23-25).

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11:3).

LA ACEPTACIÓN

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” (Efesios 1:5-7).

DETERMINACIÓN

– Identificar las posibles causas del origen del rechazo, llegar a la raíz.

– Enfrentar el pasado sin temor con la ayuda de Jesús. Renunciar al resentimiento, odio, rencor, venganza.

“El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mateo 13:51).

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30).

LIBERACIÓN EN EL ÁREA DE LA INTUICIÓN

COMUNIÓN

“De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).

CONCIENCIA

“Con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy” (Hechos 23:1). Al escucharlo el sumo sacerdote, no pudo aceptarlo porque, conocedor de las Escrituras, sabía que nadie podía vivir en este mundo con una conciencia transparente.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).