25 DE DICIEMBRE · PROTEGIENDO LA FAMILIA

Una antigua leyenda persa cuenta que Al Jaffed, un hombre rico que poseía una gran granja, una noche escuchó a un visitante contar acerca de las inmensas cantidades de diamantes que se podían encontrar en otros países.

Pensando en esto vendió su finca y empezó a viajar por el mundo buscando las fabulosas riquezas de las que le habían hablado. Sin embargo, sus esfuerzos no tuvieron los frutos que esperaba y ya en la miseria y desesperado se suicidó.

Mientras tanto, el hombre que había comprado la granja un día mientras abría un surco, se dio cuenta de una piedra que brillaba. Se acercó y, asombrado, sacó un gran diamante. Una de las cosas más comunes en nuestros tiempos es caer en el error de este hombre rico. Soñamos con la vida que tienen otros, con la fortuna y la fama que nos vende la televisión, descuidando o menospreciando lo que Dios nos ha dado.

Todos tenemos un tesoro en nuestras manos, puede ser nuestra familia, empleo, dones, talentos, amigos e inclusive tu fe.

Mucha gente piensa que podría tener un trabajo en el que le pagarían muchísimo dinero y se pasa la vida buscándolo, protestando y encontrando defectos a cualquier lugar al que lleguen, otros deciden que es mejor ir de una iglesia a otra porque Dios no respondió una oración de la forma como esperaban, así que no sólo cambian de iglesia, sino de religión. Hay quienes creen que no valen nada y lejos de poner en práctica los talentos que Dios les dio empiezan a intentar imitar a los demás cayendo en fracasos reiterativos y una vida llena de frustración. También están aquellos que por buscar cosas materiales y pasajeras dejan a su familia, la ponen en segundo o tercer plano sin percatarse de que esas personas podrían ser su mayor bendición.

No descuides tu granja, tu diamante podría estar enterrado ahí mismo, sólo debes trabajar la tierra que se te confió. Podrías ser más rico de lo que imaginas.