18 DE MAYO · PROTEGIENDO LA MENTE

Meses atrás mi esposa estaba aconsejando a una joven y me pidió el favor de ministrarle, cuando me quedé observándola, percibí las luchas que esta dama tenía internamente. Mirándola le dije: “Satanás ha estado luchando contigo por muchos años para deteriorar tu imagen y para que te veas terrible, tanto le has creído que has llegado a odiarte. Cualquier halago que te hacen, tú piensas que todo es pura hipocresía, que lo que estás escuchando no es verdad, porque piensas que tú no tienes valor alguno, y que sólo lo dicen para no hacerte sentir mal”. A medida que compartía con ella, sus ojos se abrieron con una expresión de sorpresa, como inquiriendo: ¿Y usted cómo sabe todo esto?

Luego agregué: Todos nuestros conflictos se originan en la mente, la estrategia del adversario es poner pensamientos muy sutiles, que aparentan ser pequeñas semillas inofensivas, pero que una vez se arraigan en la persona la enredan hasta tratar de destruirla. Los pensamientos no son neutrales, pues provienen de una personalidad que se encarga de depositarlos en las mentes de las personas. Cuando los pensamientos son correctos, por lo general están muy ligados a la Palabra de Dios y por lo tal son inspirados por el Espíritu Santo.

Pero cuando los pensamientos son incorrectos, es porque su origen está en Satanás, cuya naturaleza es hurtar, matar y destruir. Razón por la cual, el adversario se esfuerza por perseverar en las mentes de las personas, trayendo recuerdos muy negativos del pasado para mortificar sus vidas, también se aprovecha de las circunstancias para mostrarles un futuro incierto, otras veces se presenta como un buen consejero, mostrándoles un abanico de opciones. Su meta es presionar incisivamente a las personas hasta que éstas se cansen y se rindan abriendo así la puerta para que este poder malévolo y engañoso entre a sus vidas.

Esto fue lo que aconteció con Sansón, quien fue presionado constantemente por Dalila, sin percatarse de que esta mujer era el prototipo de la maldad que estaba esperando sacarle la confesión de los dígitos de la caja fuerte, donde él tenía guardado y protegido su corazón, finalmente la impertinencia de esta mujer lo doblegó: “Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón” (Jueces 16:16-17a).

Le dije a esta joven: “Nunca podrás tener una imagen correcta de Dios hasta que no restaures dentro de ti tu propia imagen”.

Ella me dice: “Yo a mi papá le tengo mucho miedo, solo pensar en él me espanta, sé que él me ama, pero al mismo tiempo me maltrata mucho con sus palabras.” Añadió: “Yo amo a mi papá pero tengo la peor imagen de él”.

Después de aquella conversación con esta joven tuvimos un tiempo donde, juntamente con mi esposa, oramos por ella y pudo perdonar a su papa y también se perdono así misma y a aquellos que le habían ofendido. Meses después nos dijo que todo en su hogar había cambiado, Dios restauró la relación con su padre y ahora disfrutaba estar en su casa y con su familia.