23 DE SEPTIEMBRE · PROTEGIDOS POR SU AMOR

La mayoría de las personas tiene profunda preocupación por su seguridad, al punto que en los últimos años las compañías de seguros han crecido y prosperado en gran medida. La verdadera seguridad no la proporcionan ni las empresas aseguradoras, ni los líderes políticos, ni el ejército, ni una abultada cuenta bancaria. La verdadera seguridad sólo puede provenir de Dios. Hay momentos en la vida cuando debemos enfrentar un “valle de sombra de muerte”, pero el salmista afirma que a pesar de ello podemos tener paz, pues Dios tiene todo bajo Su control.

Cuando los discípulos regresaron de su corta gira misionera gozosos le compartían cómo los demonios se les sujetaban en el nombre de Jesús, y el Señor les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18). Antes morir en la Cruz del Calvario, Jesús vio la caída del adversario. Jesús sabía que Su muerte y Su resurrección serían un golpe certero en la cabeza de enemigo. “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:31-32).

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:14-15).

Podemos entender que una de las maneras como el adversario trabaja, es recopilando pruebas en contra de las personas, para de este modo poderlas someter como sus esclavos. Razón por la cual acuso a Job ante Dios y el mismo señor le permitió que lo arruinara. Pero con la muerte del Señor en la cruz; todo cambio; porque la misma cruz invalido todo el poder que Satanás ostentaba.

Al invalidar los argumentos, los poderes demoniacos que trabajaban en ese contorno, quedaron también destruidos en la cruz del calvario. Pues desde el comienzo del ministerio del Señor Jesús los demonios empezaron a sentir la derrota. “¡Ah! ¿Qué tienes contra nosotros Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él!” (Marcos 1:24-25).

“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Para que el reino de Dios se establezca en una vida, o en una familia, o en una ciudad o nación es fundamental que la iglesia se levante en autoridad del Espíritu contra los poderes demoniacos que operan en la región y los deben echar fuera en el nombre de Jesús y con el poder de su sangre, en la autoridad del Espíritu Santo.