28 DE JULIO · PROTEGIDOS POR NUESTRO REDENTOR

Cuando mi hija mayor tenía sólo veinte días de nacida. Pastoreaba una pequeña iglesia y una noche cualquiera me dirigía con gozo inefable a predicar, Me baje del transporte publico y camine hacia la congregación, que estaba a unas dos cuadras de distancia de la avenida. Cuando sentí la cercanía de una sombra que me envolvió. Un hombre alto, de piel oscura, vino contra mí colocando su mano izquierda contra mi pecho y con la otra mano, introdujo un puñal entre la biblia y mis dedos y luego me empezó a cortar los dedos de mi mano derecha. Comencé a reprender y a forcejear con él, pero se abalanzó sobre mí propinándome una puñalada en el tórax. La puñalada había sido fuerte y logró rayarme el corazón; la sangre coagulada había rodeado la válvula del corazón propiciando un paro cardíaco; razón por la cual estuve treinta minutos muerto. Y le clame al Señor diciéndole: “Señor, si tú no haces un milagro, moriré. Necesito que intervengas”. Al hacer dicha oración, aquel hombre me quitó la Biblia y salió corriendo. También yo corrí en sentido opuesto, angustiado, sin poder aceptar que estaba muriendo; me preocupaba dejar a mi esposa viuda, a mi hija huérfana y la obra de Dios inconclusa.

Mientras corría, vi en el firmamento toda mi vida en cuadros; lo que había hecho y lo que no había hecho para Dios. Por dentro de mi estaba angustiado y me rehusaba a morir, porque sentía que esa muerte era antes de tiempo. después de haber avanzado una cuadra, me desplome completamente muerto. Pero cuando mi cuerpo físico cayo, mi parte espiritual permaneció en pie. La angustia desapareció y fue remplazada por esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Empecé a subir y me encontraba en medio de un túnel angelical. Veía miles de ángeles, con sus vestiduras blancas sus cabellos largos, sus rostros resplandecientes y todos estaban entonando un himno de adoración; aunque no entendía lo que ellos cantaban, por cada tonada que salía de los labios de ellos el gozo aumentaba en mi corazón. Pero luego reaccione y me mire a mi mismo, luego mire a los ángeles y observe hacia donde se dirigía el túnel y entendí que me llevaban a la presencia del Padre Dios, y me dije: “estoy muerto”.

Y clamé con todas las fuerzas de mi alma: “Dios, no permitas esta muerte, se que esto es obra del adversario para cortarme la vida antes de tiempo, te ruego Señor que así como venciste la muerte con poder, me des el mismo poder para vencer la muerte en tu nombre.”

Gracia a Dios que cuando termine la oración, el espíritu volvió a mi cuerpo y entendí que el Señor me había dado otra oportunidad. Gracias a que tengo el mejor pastor, Él extendió su misericordia, dándome completa protección. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. (Salmos 23:4).