18 DE NOVIEMBRE · PROTECCIÓN DIVINA

La Palabra de Dios, primero lo llevará a que usted entienda que es pecador, y que como tal, se encuentra distante de Dios. Luego, lo convencerá de que necesita reconciliarse con Él; al hacerlo, usted comenzará a caminar en las promesas que hay en su bendita Palabra. Si usted está pasando por momentos difíciles, si cree que hay una maldición en su casa, o si es consciente de que existen ataduras de vicio y enfermedad en su vida, o en la de su familia, la Palabra de Dios le dice al respecto: “No te sobrevendrá mal. El Señor dejó trazado su camino.

El mal puede estar sobre los hijos de desobediencia, pero no sobre los hijos de Dios. Le sugiero que haga un compromiso con el Señor de estudiar la Biblia, si es que ya no lo ha hecho; de leer como mínimo, tres capítulos por día. La palabra de autoridad reprende los demonios, con todo su poder, estaba concentrada en la persona del Señor Jesús.

Cada palabra que salía de sus labios, tenía el respaldo del cielo. Los endemoniados reconocían la autoridad de Jesús. Los demonios operan en el plano espiritual, y pueden detectar fácilmente quiénes tienen autoridad sobre ellos. Por eso decían: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido antes de tiempo para atormentarnos?”. Todos los demonios temblaban ante la presencia de Jesús, porque sabían que no podían resistir ni a una sola palabra pronunciada por Él. Por tal motivo, le suplicaron que los dejara entrar en un atado de cerdos. Jesús solamente dijo: “Id”, y dos mil cerdos se precipitaron en el mar, mientras que el hombre que estaba poseído, recobró su juicio cabal. Los demonios temblaron ante Jesús, temblaron ante Pablo, y temblarán ante la presencia de cualquier persona que reconozca que a través de Jesús ellos fueron completamente derrotados.

Debemos entender que los demonios son seres con personalidad; ellos poseen espíritu del mismo modo que usted y yo poseemos. Así como nos expresamos a través de nuestros sentidos aquello que nos agrada, también estos espíritus inmundos procuran encontrar a alguien que les rinda sus sentidos para poder expresarse. Entendemos que de los demonios nunca podrá salir nada bueno, “porque un árbol malo no podrá dar buen fruto” (Mateo 7:18). Cada demonio tiene una personalidad corrompida, y cuando ellos se expresan, es para corromper a los que están a su alrededor. Su estrategia es permanecer ocultos, pues mientras más los ignoren, más daño podrán causar.

Pero cuando están frente a alguien que conoce la victoria de Cristo sobre ellos, tiemblan, porque saben que con una sola palabra de autoridad expresada por algún siervo de Dios, tendrán que abandonar el cuerpo. Jesús dijo a sus discípulos: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).