27 DE AGOSTO · PREDICANDO EL EVANGELIO DEL REINO

Para el Señor, el ganar un alma era como Su comida pues entendía que la voluntad del Padre era que ninguno se perdiera y que todos procedieran al arrepentimiento.

El Señor nos da a entender que no hay tiempo que perder, que la gente ya está lista para convertirse, es como cuando el fruto está maduro en el árbol, si los segadores no lo recogen pronto este se cae y se pierde, lo mismo sucede a nivel mundial, el fruto está maduro y si se deja pasar ese tiempo la gente puede endurecer su corazón y luego se va a requerir de un mayor esfuerzo.

Tener una profunda compasión por la gente es lo que nos lleva a orar por ellas, a verlas no como las circunstancias lo declaran sino como Dios las ve; líderes que bendecirán naciones, familias sacerdotales, serán prósperos, llenos de sueños y visiones.

Al escribirle a los Filipenses, el mismo apóstol dijo: “Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo”. Esto es compasión, sentir tristeza por el dolor de los que se pierden y procurar que al ser ganados reciban el cuidado que necesitan, recuerde que lo que usted no ama, usted no ministra, Jesús en todo momento fue movido a compasión porque lo que toca el corazón de la gente es el amor, callamos la voz del adversario amando a cada persona que nos llegue.

El ultimo consejo que Pablo le dio a su hijo espiritual Timoteo fue: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5). La prioridad debe ser el evangelismo que es el principal soporte del ministerio, Pablo ya sabía que estaba a punto de partir de este mundo pero se sentía satisfecho por haber sido fiel a su llamado, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4.7-8).

Vendrá el fin y sabemos que ya estamos a las puertas de la segunda venida del Señor Jesús a esta tierra, es nuestro deber como cristianos salir de nuestra zona de confort y proclamar con todas las fuerzas de nuestra alma el evangelio del reino; esa fue la profecía dada por el Señor Jesús, “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.14).