ABRIL 13 · PREDICANDO CON SEÑALES

En la época de Moisés vemos cómo Dios usó los milagros para que el pueblo creyera. Primero utilizó la vara que se convirtió en serpiente, luego utilizó la mano que quedó leprosa para darle sanidad. Dios ya le había dicho a Moisés que si no creían a sus palabras, creerían por los milagros. Hay momentos en que las palabras no son suficientes, se necesitan milagros y Él es el Dios de los milagros. A veces se nos olvida que el Señor nos dijo que, en Su Nombre expulsaríamos demonios (Marcos 16:17), que pondríamos las manos sobre los enfermos y ellos sanarían (Marcos 16:18b). ¿Cómo ministraremos a un pueblo enfermo, si no creemos en milagros? Dios hace milagros de sanidad, restauración familiar, liberación, prosperidad, entre otros. Usted debe moverse en la dimensión de los milagros. No tenga temor de orar por los enfermos. No es su fuerza humana lo que hace milagros, es su fe en Jesucristo lo que mueve la mano de Dios. Use esa fe para la gloria del Señor. La enfermedad vino como consecuencia del pecado del hombre. A través de Moisés, el Señor dijo: “Pero acontecerá que si no oyeres la voz de Jehová tu Dios para procurar cumplir todos sus mandamientos y estatutos que yo te intimo hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán” (Deuteronomio 28:15). El profeta Isaías al respecto enseño: “Sin embargo, uno de los textos más sobresalientes sobre sanidad está en el del libro de Isaías: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores… y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4,5).