MARZO 8 · PERSEVERANDO EN LA FE

Pablo tenía como meta presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre, esto significa que cada persona debe transitar un proceso que comienza con su conversión y continúa hasta llegar a la madurez espiritual. Cuando esto sucede, se alcanza la estatura de la plenitud de Cristo.

Para cuidar un hijo, protegerlo, alimentarlo, educarlo, lo primero que se requiere es haberlo concebido, engendrado y dado a luz. Paralelamente, usted no puede consolidar sin ganar. Aunque conozca todos los pasos de la Visión de la iglesia, si no tiene la gracia para ganar, será inútil, porque de nada sirve esta Visión si no ganamos almas para Cristo. 

“Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:15). El ayo y la nodriza son aquellas personas dedicadas a cuidar bebés. Lo que Pablo les decía en este versículo es que, aunque hubiera diez mil consolidándolos, solo tendrían un padre, quien los había traído a los pies del Señor; y ese padre era él. El apóstol nos enseña que la labor del consolidador es ser padre y ser ayo. La tarea del consolidador no termina cuando lleva a la persona a la iglesia. Cuando alguien viene a la fe, acepta a Jesús y tiene la experiencia del nuevo nacimiento, ahí recién comienza el verdadero trabajo de consolidación. Cuando alguien nace al Evangelio, se requiere el inmediato contacto del consolidador. En el momento en que la persona abre el corazón y empieza a expresarse, es el consolidador quien empieza a orientar, ayudar y afirmar al nuevo creyente en Jesús. Que hoy Dios use su vida para afirmar a aquellos que le rodean en Su Palabra.