3 DE ABRIL · PASIÓN POR GANAR ALMAS

El día de ayer vimos como el señor Jesús para poder tener potestad sobre todas las cosas, tuvo que renunciar a su inmunidad divina, aceptar el vivir en un cuerpo humano, para llevar sobre su cuerpo la culpa de toda la humanidad, pagando el precio de nuestra rebelión, para hacernos completamente libres por su Espíritu. Hoy vamos a ver lo que el Señor espera de nosotros.

Sabemos que Jesús al venir a este mundo, Él no pretendió convertirse en un mártir, ni tampoco se enfocó en tener una multitud de seguidores, ni que el mundo le reconociera como un gran maestro o estupendo líder religioso.

Su visión fue más allá: redimir a la humanidad de una condenación segura. Aparte de Él no existía otra esperanza para la raza humana. Pero para lograrlo, se requiere que aquellos que fueron alcanzados por su gracia, y que fueron hechos participes del Espíritu Santo; tengan el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, que es el llevar el mensaje de esa buena noticia; que las puertas de la salvación están abiertas para que todo aquel que en el cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El sabio Salomón dijo: “Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte” (Proverbios 24:11). Conocer la voluntad de Dios es como tener un diamante con múltiples facetas, pero la que más brilla es aquella que nos motiva a buscar y salvar a los perdidos. Si esa es la voluntad de Dios, su deber y el mío es prepararnos y ser diligentes en lo que nos ha confiado.

Pablo dijo: “Pues si anuncio el evangelio no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! / Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar mayor número.” (1 Corintios 9:16-19).

Si usted quiere hacer la voluntad de Dios debe convertirse en un propagador del evangelio, y es indispensable contar con los siguientes requisitos:

  • Ser una persona redimida, debe haber aceptado a Jesús como su único y suficiente Salvador.
  • También es importante capacitarse bíblicamente. Recuerde lo que dice Romanos 10:17 y es que “La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios”.
  • Poseer una gran compasión por los perdidos.
  • Ser lleno del Espíritu Santo. En Hechos 1.8 podemos ver la importancia de este punto ya que declara: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…”
  • Ser miembro activo de una iglesia cristiana.
  • Ser de buen testimonio.