4 DE ABRIL · PALABRAS QUE DAN VIDA

Ayer estuvimos tratando sobre la pasión por ganar almas, que el creyente debe tener. Hoy estaremos tratando sobre el poder que hay en nuestras palabras.

Cuántos problemas se ha echado el mundo encima por culpa de la boca. Prácticamente el conflicto del ser humano está en sus palabras, nosotros a través de las palabras trazamos la ruta de nuestro destino; nosotros a través de la palabra determinamos el árbol que vamos a comer. Nuestras palabras nos pueden conducir o a la gloria eterna o a la condenación eterna, nos pueden llevar a la prosperidad o al fracaso, nos pueden llevar a la armonía o a la confusión, nos pueden llevar al éxito o a la desdicha.

“Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” (Mateo 12:34-35).

Muchas veces no alcanzamos a entender todo lo que hay en nuestra boca; se nos olvida lo que el Señor Jesucristo dijo: “Conoced del árbol bueno y su fruto bueno, por el fruto se conocerán, por tus palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado.”

Dios nos dio el gran privilegio de cambiar todas las circunstancias adversas en un fértil terreno de bendición a través de nuestras palabras. Salomón dijo: “Te has enlazado en los dichos de tu boca, has quedado preso en lo que tú has dicho con tus labios” (Proverbios 6:2).

Conforme a sus palabras acontecerá con su vida. Algo que muchos no han entendido es la importancia de bendecir; la palabra “bendecir” significa “decir bien”. “Beraca” es un vocablo hebreo que significa “desear el bien a otra persona”. Con nuestras palabras podemos elogiar, halagar y motivar; esto es más beneficioso que regañar, criticar y avergonzar.

En la boca de todo creyente debe haber siempre una palabra de bendición, pues hay un gran poder en cada una de las frases que expresamos. Hablar las palabras de Dios pone a trabajar el reino espiritual. Sí las palabras son de fe y de bendición, comienza a operar todo el reino angelical dirigido por el Señor. Razón por la cual el Señor Jesús unió las palabras al espíritu; dando a entender que lo que el hombre ha atesorado en su corazón, lo expresa con sus labios.

El apóstol Santiago escribió: “Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” (Santiago 3:4-5).

Apreciado amigo todo su destino eterno esta en el uso que le de a su lengua; si su relación con Dios es correcta, su boca se puede convertir en un manantial del cual fluye el rio de luz, esperanza y de vida, que alegrara los corazones de muchos. como escribió David: “Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto; Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.” (Salmos 45:1).