7 DE MAYO · ORACIÓN SINCERA

La única manera de poder relacionarnos con Dios es a través de la oración. Dios será tan grande como usted crea que Él es. En otras palabras, el tamaño de Dios en su vida depende del tiempo que nosotros invirtamos en la oración.

El Salmista expresó: “Cercano está el Señor a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.” (Salmos 145:18,19).

A cada uno, Dios le otorgó una medida de fe. Tal vez usted piensa que no tiene fe, pero escrito esta: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). En otra traducción de La Biblia dice, (NTV) dice: “Así que la fe viene por el oír, es decir, por oír la buena noticia acerca de Cristo.” Desde el momento que usted dispone su corazón para oír la Palabra de Dios, inmediatamente se activa la fe; la cual vuela inmediatamente a su encuentro. para que usted pueda cumplir su propósito en su vida.

El Señor Jesús dijo: “…de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20). La semilla de mostaza es la más pequeña de todas, que se puede comparar en tamaño a la cabeza de un alfiler. Dios no está pidiendo una montaña de fe, todo lo que necesitamos es esa pequeña fe; que será la ventana que nos permitirá descubrir la grandeza de ese Dios inmensurable. Al acercarse a Dios debe hacerlo con fe.

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa” (Lucas 6:5).

Al acercarnos a Dios debemos hacerlo con total sinceridad; muchos tratan de encubrir sus pecados con disculpas y por no reconocerlos, nunca han podido ser libres de ellos. Si usted le ha fallado a Dios, no justifique su pecado, sino confróntelo. Sólo entonces, puede arrepentirse con sinceridad y llegar a relacionarse con Dios en la oración. Si se disculpa y se excusa de sus errores, nunca tendrá la convicción de arrepentimiento y todo seguirá igual en su vida.

El salmista David hizo la siguiente pregunta: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Salmos 19:12-13).