24 DE FEBRERO · OLVIDANDO LA OFENSA

Estos días hemos aprendido que para que Dios nos perdone, nosotros también debemos hacerlo de todo corazón. Hemos visto pautas muy importantes para recibir y transmitir el perdón hoy veremos la importancia de no guardar algo malos en nuestro corazón después de haber perdonado.

Parte del proceso de perdonar es no guardar los malos recuerdos después de haber perdonado; no permitir que el resentimiento regrese al corazón.

Usted no puede permitir que el enemigo llene nuevamente su mente y su corazón de argumentos. Usted debe olvidarse completamente de lo sucedido. Evite las palabras hirientes y las indirectas; el perdón debe ser total. Ya nunca debe dar cabida al resentimiento, porque todo quedó sepultado. He conocido varios casos de personas que se rehusaron a transmitir perdón a sus cónyuges y el resultado fue la destrucción total de toda la familia.

El resentimiento hace que todos pierdan, pues éste se convierte en una pared intermedia de separación que dañan la familia, y sabemos que una casa dividida contra sí, no puede permanecer en pie sino que cae. En cambio, aquella persona que perdona de corazón, se beneficia a sí misma pues está practicando el verdadero amor, igual que lo hizo Jesús. Sus primeras palabras en la Cruz fueron: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”. Jesús repitió estas palabras continuamente y esto le ayudó a soportar la prueba.

Recuerdo el caso de una mujer que gozaba de un lindo hogar, pues tenía un esposo ejemplar, responsable y muy afectuoso con sus hijos, ella confiaba plenamente en él, pues nunca vio ningún comportamiento extraño en él. Pero un día sintió que todo lo que habían construido durante muchos años se derrumbó. Todo comenzó a causa de un pensamiento que entró en su mente, un día que fue al banco y le hicieron la siguiente pregunta: “En cual cuenta desea consignarlo”. Se sorprendió pues no sabía que tenían otra cuenta bancaria, y al pasar los días descubrió que esto no era todo, sino que su esposo tenía otra mujer, con quien aun había tenido una hija. Esta persona había trabajado con ellos años anteriores. En medio del dolor se aferró a una promesa dada por Dios en Su Palabra en Mateo 7:24, Mi casa estará edificada sobre la roca de la palabra, y no sobre la arena de la desconfianza.

Decidió confrontar a su esposo dándole la oportunidad que dejara para siempre a la otra mujer, o por el contrario, formalizara la relación en ella. Aquel día su esposo lloró amargamente, arrepintiéndose, pidiendo perdón y a la misma vez prometió que siempre le sería fiel. Esta esposa se llenó de valor y enfrentó a la mujer con quien su esposo había mantenido una relación clandestina y le dijo: “Te perdono por el daño que le hiciste a nuestro hogar, pero ahora tengo la plena certeza que no podrá destruirlo pues está construido sobre la Roca.” La perdonó, la bendijo y la llevó a una iglesia cristiana. Hoy su esposo es una gran bendición y disfrutan juntos de una hermosa familia.