17 DE OCTUBRE · OFRENDANDO DE TODO CORAZÓN

El deseo de Dios el Padre siempre ha sido bendecir y recompensar a Sus hijos; cuando Él formó a Adán y Eva ya había preparado toda la provisión que ellos iban a necesitar. Por eso el Apóstol declaro: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 2).

¿Alguna vez ha pensado cuál es el deseo de Dios para usted? Hallaremos la respuesta en este texto de Juan donde el autor revela el anhelo del corazón de Dios para cada uno de nosotros. Lo interesante es que no empieza hablando del área espiritual sino de las cosas materiales, para seguir con la salud física y culminar con la prosperidad del alma.

La palabra “prosperidad” viene del griego “eudoumai” y significa tener buen viaje. Trasladar esa definición a la vida del creyente es afirmar los buenos deseos que Dios tiene para Sus hijos, que sean hombres y mujeres de éxito, que aprendan a ser atentos y sensibles a Sus mandatos para que Él pueda prosperarlos integralmente. Pero estas bendiciones están sujetas a la manera como nosotros nos relacionemos con Dios y Su Palabra. El mandato del Señor para Su siervo Josué fue: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8). La Biblia está llena de testimonios de cómo Dios prosperó a quienes se determinaron obedecerle y vivir de acuerdo con Su Palabra. Al salir de Egipto hacia la ciudad del Neguev, Abraham fue dotado de riquezas. “Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2).

Salomón es otro ejemplo de las promesas que alcanzan a los que esperan en Jehová. “Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: Tú has tenido con David mi padre gran misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo” (2 Crónicas 1:7-10). En respuesta a su petición, Dios le dice que le había agradado la actitud y la motivación de su corazón, y como añadidura le promete bendecirlo económicamente como a ningún otro hombre. Tanto en Abraham como en Salomón predominó el llamado de Dios y su respuesta para servirle, antes que el interés por las riquezas.

Escuchando con atención la voz de Jehová, procedieron de acuerdo con el pacto que Él había establecido con ellos. Dios conoce el valor y el sacrificio que es ofrendar, pues Él lo experimentó al ofrendar a Su Hijo en la Cruz del Calvario.