ENERO 23 · OBTENIENDO LA CONQUISTA

El tercer derramamiento que sufrió el Señor Jesús fue el que brotó de Su cabeza cuando los soldados le pusieron la corona de espinas y se la incrustaron golpeándola con una caña, esto lo vivió para revertir la maldición que entró al mundo por el pecado de Adán y que afectó la esfera de dominio que él tenía en esta tierra y en los aires; pues el adversario había bloqueado su nivel de conquista. 

La desobediencia del hombre trajo el abrojo de la escasez a esta tierra que Dios había creado para nosotros. Pero la Sangre que brotó de la cabeza de Jesús, a causa de la corona de espinas, tiene el poder para quebrantar todala maldición de la tierra. 

Cuatro mil años después, los verdugos quisieron burlarse de Jesús y decidieron ponerle una corona de espinas, como coronándolo como el rey de maldición. Pero cuando las espinas penetraron Sus sienes, algo impresionante sucedió; la Sangre de Jesús comenzó a brotar de Su cabeza, hasta que una gota cayó a la tierra, en ese momento la maldición de la tierra fue quebrantada para siempre, ya que la preciosa Sangre de Jesús jamás se contaminó con pecado. 

Por causa de Su Sangre, Jesús recuperó el derecho legítimo de coronarse con la corona de gloria. El hijo de Dios recuperó todo lo que Adán perdió y fue por eso que pudo decir: “Consumado es”. 

Es importante tener presente que cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, nuestro espíritu renace y podemos tener comunión con el Padre nuevamente. Pero para vivir como conquistadores debemos estar en contacto permanente con la Palabra y jamás decidir basados en el “yo quiero”, “yo siento” o “yo pienso”. 

A través de la Sangre que brotó de la cabeza de Jesús a causa de la corona de espinas, el Señor ha abierto un camino hacia la prosperidad. Ahora, cuando hablo de prosperidad no me refiero a tener exceso de dinero, la prosperidad es tener la provisión necesaria sin estar dependiendo de nuestro propio esfuerzo. ¡La prosperidad de un creyente viene del Señor!