15 DE NOVIEMBRE · EL MEJOR TESORO

El apóstol Pablo, al referirse a las Sagradas Escrituras, lo hace como la Palabra de Dios que fue dada a conocer por los santos hombres de Dios, quienes hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Estos hombres tuvieron un conocimiento de Dios mucho más profundo que las personas corrientes. A ellos les fue revelado, por el Espíritu Santo, el propósito de Dios para con el ser humano. Pablo, corriendo el velo, nos mostró la sencillez de las Sagradas Escrituras, explicándonos que hasta un niño las puede comprender.

Es más, nos dice que desde pequeños nos conviene conocerlas, puesto que el propósito de éstas es ayudarnos a alcanzar la salvación a través de la fe, a través de nuestra creencia en Cristo. También nos dice que la Escritura es inspirada por Dios, significa que quien impulsó a sus escritores fue el mismo Dios. Pablo les dijo a los de Tesalónica: “Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13). Pablo tenía la certeza de que el mensaje que él comunicaba, era pura inspiración del Santo Espíritu de Dios. El proverbista dijo: “Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios” (Proverbios 2:4-5).

Debemos disponer nuestro corazón en la búsqueda de la verdad, la cual está en la bendita Palabra de Dios, ya que no existe otro libro que nos presente, de una manera tan clara, el camino correcto por el cual debemos conducirnos en esta vida. A la vez, nos da la seguridad y la esperanza para conquistar la salvación eterna. El consejo del autor de Proverbios es que si el hombre buscare la Palabra de Dios como busca los bienes materiales, esto le conduciría a Dios. El Señor le habló al patriarca Josué diciendo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

Si permitimos que la Palabra de Dios more en abundancia dentro nuestro, de nuestros labios brotarán salmos, himnos y cánticos espirituales; cambiaremos expresiones de derrota, de fracaso y quejas, por la confesión de la Palabra, que traerá victoria siempre, elevándonos a la genuina dimensión de la fe; y nos lanzaremos a conquistar lo imposible en el Nombre de Jesús. Se dice de John Knox – quien fuera predicador de la época de la reforma en Escocia – que su voz infundía más coraje en el corazón de sus oyentes que diez mil trompetas sonando en sus oídos.