25 DE SEPTIEMBRE · EL MEJOR AMIGO

El Espíritu Santo es el único administrador de las riquezas de la Trinidad. El Padre y el Hijo comparten la totalidad de la riqueza infinita, pero quien la revela e interpreta es el Espíritu Santo. Podemos pensar que Dios tiene un almacén lleno de todo lo que el hombre pueda necesitar en la tierra, y cualquier persona que anhele ser enriquecida con esas bendiciones, debe cultivar una relación íntima con el Espíritu Santo.

Todo lo que el Espíritu hace, contribuye a glorificar a Jesús. Cuando una persona deja de glorificar a Jesús mediante sus actos, con sus palabras, o en la misma congregación, el Espíritu se hace a un lado. Si se tiene una amistad estrecha con el Espíritu Santo, lograremos acceso a los tesoros divinos y esta persona de la Trinidad se encargará de que los disfrutemos. La fe en Jesucristo nos da derecho legal a sus riquezas, pero la comunión con el Espíritu es la que nos permite disfrutarlas.

Cuando glorificamos a Jesús con nuestros actos, el Espíritu se goza y acrecienta su poder en nosotros entregándonos las bendiciones de su gracia. Jesús dijo: “El que cree en mi, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Y añade: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en el; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”. (V. 39)

El Espíritu Santo es irremplazable si a alguien se le ocurriera quitar a esta persona de la comunión de la iglesia (algunos ni lo notarían porque están cargados de ritos y tradiciones que han sido introducidos como sustitutos del Espíritu Santo), la iglesia sería un ente sin vida y no tendría rumbo definido, ya que el Espíritu es el que nos guía a toda verdad. “Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; 10de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. (Juan 16:8-11).

Intercede a nuestro favor. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. (Romanos 8:26-27).

Conoce lo más íntimo de Dios. “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. (1 Corintios 2:11-12).