8 DE JULIO · EL INCOMPARABLE CRISTO

El hombre que ha impactado el mundo entero a través de todos los siglos se llama Jesucristo. Aunque la sociedad haya tenido hombres ilustres y brillantes, quienes conquistaron corazones por sus talentos, conquistas, hazañas, sus dotes políticas, religiosas o científicas; etc. Sin embargo ninguno se puede comparar con Jesús. Lo que Jesús hizo, ningún otro hombre podrá jamás igualarlo, pues sólo alguien que fuera igual a Dios, podría hacer lo que el Señor hizo.

San Pablo dijo: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).

El Apóstol no presenta un tema para controversia, sino una verdad que no se debe prestar para discusión. “Dios fue manifestado en carne”, “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Si Jesús es Dios, vale la pena conocerlo y darlo a conocer.

“Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la muerte” (Proverbios 8:35-36). En su epístola a los Colosenses, Pablo toma de la inspiración divina y, en un lenguaje sencillo, revela los atributos de la deidad en la persona de Jesucristo.

“Cristo es la imagen misma del Dios invisible, y existe desde antes que Dios comenzara la creación, es más, Cristo mismo es el creador de cuanto existe en los cielos y en la tierra, de lo visible y lo invisible. El mundo espiritual con sus correspondientes reyes y reinos, gobernantes y autoridades, fue creado por Él y para Él. Cristo existió antes que las cosas que existen cobraran existencia y es por su poder que subsisten” (Colosenses 1:15-17 Versión Biblia al día).

Jesús confundió a Sus adversarios al decir: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. El escritor a los Hebreos dijo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Hebreos 10:5-7).

Dios Padre de antemano había predeterminado que su hijo Jesús se hiciera hombre y a la ves se convirtiera en el holocausto u ofrenda del sacrificio que daría redención a toda la humanidad. Aunque Jesús murió, resucito y ascendió al cielo, sentándose a la diestra de Dios; antes de su partida de este mundo dijo a sus discípulos, y les dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. (Lucas 24:49).

El Espíritu Santo en el día de hoy, nos está conduciendo a una relación mucho más profunda en el conocimiento de Jesús, y a la ves nos reviste de esa fuerza que nos motiva a alcanzar a otros para su reino.