Ser discípulos de Jesús y asumir nuestro llamado nos da el privilegio de ser ganadores de almas. Esta gran misión, compartir con otros el mensaje de salvación, demanda de nosotros un compromiso genuino y una relación con el Espíritu Santo.

En cierta ocasión un joven llamado Archibald Brown ingresó a una escuela para pastores fundada por el mundialmente famoso predicador C. H. Spurgeon. Después de graduarse en dicha escuela, comenzó a pastorear con gran éxito en la zona de Londres y miles de personas acudían a oír sus predicaciones. Eran muchos los que admiraban la notable unción del joven ministro y se preguntaban de dónde vendría su gran poder. Después de su muerte, se halló el secreto en la vieja y ajada Biblia que había usado. Debajo de Hechos 15:28 había escrito con pluma esta nota: «¡Qué importante es tener sociedad con el Espíritu Santo, el socio principal! Sin él como socio, no hay vida de fe ni obra de evangelización que tenga valor.» (1)

Para ganar a los perdidos debemos caminar en la dimensión de la fe, de esta manera seremos instrumentos de bendición en las manos de Dios. Es así como aquellos que están perdidos podrán oír la voz de Dios diciéndoles que si creen en Él, tendrán vida y vida en abundancia. Por eso lo motivo asumir su llamado y esforzarse en compartirle al mayor número de personas las buenas nuevas de salvación, sé que el Señor usará la palabra de nuestra predicación para hacerlos volver al camino correcto.

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(1) David Yonggi Cho · «Mi Compañero el Espíritu Santo». Editorial Vida 1992 · pg. 20

4 NOVIEMBRE · LA UNCIÓN QUE DA VIDA

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