2 DE NOVIEMBRE · NO CALLARÉ

Fue suficiente el aviso dado por una niña de nueve años para que cientos de personas huyeran a la montaña y de esta manera se salvaran de ser arrasadas por el tsunami en una población de la nación de Chile. Dios ha puesto a los creyentes como atalayas, pues podemos ver claramente el peligro que se avecina en el mundo espiritual; sin embargo, no debemos ser como profetas mudos, sino que debemos advertir a la gente sobre el momento difícil que vivimos, tenemos que motivarles para que abandonen el pecado y vuelvan su corazón a Dios.

El anhelo de Dios el Padre al enviar a Jesús a esta tierra fue que ninguno se pierda; el propósito de la muerte de Su hijo en la Cruz fue traer completa redención a cada uno de los seres humanos que le acepten. Hoy, la responsabilidad de compartir acerca de Jesús posa sobre cada uno de nosotros. Dios hoy nos dice, que como hijos Suyos, no podemos desmayar en la misión que nos ha sido encomendada.

Muchas veces trabajamos en la obra del Señor y anhelamos ver los resultados en ese mismo instante, pero el Dios es perfecto y Él siempre da el fruto en el momento correcto; muchas veces el Señor espera que alcancemos madurez, lo cual nos permitirá cuidar las almas. Por eso tenemos que seguir trabajando y perseverando en Su obra. Que Dios hoy despierte en nuestros corazones una verdadera pasión por nuestra generación. ¿Y cuál es nuestra misión específica, nuestra meta principal? Está establecida claramente en Isaías 62, en la segunda parte del verso: “… hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha”.

Esta es nuestra misión, ver una generación que viva en justicia. Pero déjame preguntarle algo, ¿ha reflejado usted la justicia de Dios? ¿Vive una vida ejemplar? ¿Cómo trata a la gente que le rodea? El apóstol Pablo declaró en 1 Corintios 11.1, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”.

Cuando Jesús vio las multitudes, fue movido a compasión en gran manera por ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor. Fue allí que les dijo: “a la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos”. Miles de personas hoy aguardan por el mensaje de salvación, pero un conformismo espiritual ha venido sobre muchos líderes y han dejado de compartir el evangelio, no han buscado verdaderamente a Dios y tampoco han sido ejemplo. Hoy debemos volvernos decir: “Señor nos arrepentimos, y anhelamos que confíes en nosotros las almas de nuestra nación”.

Que Dios nos dé esa gracia de poder advertir el peligro al que nuestro mundo está expuesto, enseñando el camino de salvación, que seamos hallados fieles para poder llevar redención a miles de vidas.