FEBRERO 27 · MOVIDOS A COMPASIÓN

Todo aquel que desee tener un ministerio de éxito debe vivir siempre en la dimensión de la fe, pues a través de ella nuestra relación con Dios se fortalece y nos hace aptos para conquistar todos nuestros sueños. La fe en Dios está por encima de los sentidos naturales, cree en lo que los ojos no pueden ver, espera lo que todavía es imposible palpar, escucha lo imperceptible para el oído humano y nace en el corazón (Romanos 10:8). Generalmente, el ser humano tiende a andar por vista y no por fe; trata de aferrarse a lo que ve, olvidándose de que detrás de este sistema de cosas existe un reino espiritual que no vemos pero que es real y eterno. La fe nos relaciona con el mundo invisible y eterno donde está el gobierno de Dios. La fe nos eleva por encima del plano natural para unirnos con el eterno y glorioso Reino de Dios. Por la fe podemos dejar nuestras debilidades y flaquezas al pie de la Cruz para vestirnos de la fortaleza invencible del Espíritu de Dios. La fe nos conduce a salir de un mundo de fracaso y derrota para disfrutar del éxito y la prosperidad que Dios ha reservado para los que le aman. La fe tiene la habilidad de transformar lo absurdo en lógico, y lo vil y menospreciado, en útil y bendecido.

La fe nos ayuda a entender el origen de todo. Cuando usted escucha hablar acerca de Dios, ¿en qué piensa? Jesucristo fue el único que nos reveló al Padre, quien es el Dios Todopoderoso que puso en orden todo este sistema de cosas que nos rodea, quien es el principio de la vida y quien sustenta todo cuanto existe con la Palabra de Su infinito poder. Todo comenzó en Él y todo volverá a Él.