26 DE AGOSTO · MOLDEADOS POR SU AMOR

El significado de la palabra manso es “moldeable”, aunque Moisés tenía una vida de privilegios en Egipto, él se sentía incómodo por las injusticias que veía cometer con el pueblo de Dios, fue así que mató a un egipcio por maltratar a un judío y desde entonces se convirtió en un prófugo de la justicia, Dios usó esas circunstancias difíciles para comenzar a moldear su carácter y también prepararlo para que cumpliera su propósito en la tierra, luego del largo trato de Dios, Moisés se convirtió en el hombre más manso de toda la tierra esto lo podemos ver en Números 12:3.

Saulo de Tarso, quien luego se convirtió en el apóstol Pablo, era acérrimo perseguidor de los cristianos, torturándolos, encarcelándolos y presionándolos para que blasfemaran de su fe y del Señor Jesús, cuando Jesús le salió al encuentro, la luz de Su gloria lo encegueció y el resplandor de Su presencia, lo derribó del caballo, Saulo sin saberlo, movido por su soberbia contra el mismo Dios ya que este fanático religioso pensaba que era el ángel guardián del judaísmo pero se sintió impotente ante las circunstancias que ahora estaba enfrentando, y más asombrado quedó cuando escuchó la voz del Señor diciéndole: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9.4-6).

El terror de los cristianos ahora estaba petrificado ante la presencia del Señor de los cristianos, en otras palabras el Señor le estaba diciendo, cada vez que maltratas a uno de mis hijos que han creído en mí, te estas hiriendo a ti mismo; este encuentro le dio un viraje total a la vida de Saulo, quien luego se convirtió en ese grandioso apóstol que llegó a ser conocido como aquel que trastornaba el mundo entero.

Este mismo hombre testificó del porqué de ese cambio diciendo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.” (Filipenses 3.7-9). En otra epístola dijo: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” (Gálatas 6:14). Y en su carta a los Efesios dijo, “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16).