8 DE DICIEMBRE · MOLDEADOS POR EL MAESTRO

Cuando Dios creó al hombre, no lo hizo de materiales inexistentes sino que tomó de lo que había, el barro de la tierra, y con este material tan imperfecto fue que Dios se dispuso a hacer a la primera pareja. De igual manera, el Padre pone en nuestras manos personas que por lo general no tienen nada de extraordinario, por el contrario, están llenas de problemas, tal vez con muchas deudas, o enredadas en conflictos familiares, quizás llegaron a Jesús destruidas emocionalmente.

Esas personas son como el barro; usted tiene que verlas con los ojos de la fe, y con sus palabras, su ejemplo y su testimonio influenciar en sus vidas. En el equipo del Señor Jesús había varios con un carácter muy fuerte, dos de ellos eran hermanos, y los llamaron los hijos del trueno, Juan y Santiago. También había otro que era extremadamente impulsivo y esto lo hacía parecer una persona imprudente. Jesús tomó a los tres que eran los más difíciles y prefirió que se mantuvieran cerca de Él, no los llevaba a todo lugar porque los estuviese premiando sino porque estaba formándolos.

Estuvieron con Jesús en la casa de Jairo cuando la resurrección de su hija (Marcos 5:37-43). Estos tres estaban en el monte de la transfiguración donde vieron a Elías y Moisés hablando con Jesús. “Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd”. ”(Marcos 9:7). Los tres estuvieron con Él en el Getsemaní; aunque les dijo: Mi alma está muy triste hasta la muerte y les invitó a que lo apoyaran en oración, se durmieron en tres ocasiones pues sus ojos estaban cargados de sueño (Marcos 14:33-42).

Esa noche Pedro le corta la oreja a Malco uno de los soldados, pero Jesús lo exhorto, diciéndole: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mateo 26:52,54). Aunque Pedro fallo, luego de que Jesús resucito, lo confronto con su pecado. “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”. (Juan 21:15-17).