13 DE OCTUBRE · MOLDEADOS POR SU AMOR

El satélite de la NASA terminó de hacer su recorrido en el espacio. Su misión había sido tomar fotografías de la superficie terrestre. Sus cámaras especiales habían estado enfocadas sobre el cono sur de América, precisamente sobre el territorio de Chile.

Cuando los técnicos desarrollaron las fotos, se asombraron y se felicitaron. Vieron un camino de piedras trazado perfectamente sobre las faldas de la cordillera de los Andes. Era un tramo desconocido hasta entonces, el camino del Inca, aquel formidable emperador de la América precolombina, cuyo imperio se extendió desde Chile en el sur hasta Colombia en el norte.

Los incas fueron constructores sobresalientes. Fue merced a sus caminos, que los incas edificaron su imperio. Sin esos caminos que atravesaban desiertos, salitrales, bosques, selvas, montañas y valles, hubieran quedado pobres, aislados y retrasados.

Hubo una vez un Rey, mucho más glorioso y poderoso que el Inca, que también trazó un camino. No fue un camino de piedras. Fue un camino nuevo y vivo que unió la tierra con el cielo, al pobre pecador perdido con el Dios Altísimo y Todopoderoso, Señor de la gloria.

El constructor de ese camino, es a la vez el Camino mismo, Jesucristo, Aquel que dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Es por ese camino vivo y llano que podemos llegar a Dios y recibir la vida eterna.