23 DE NOVIEMBRE · MIS OJOS PUESTOS EN JESÚS

El ascensor, con veinte mineros de Sudáfrica, comenzó el lento descenso. El fondo de la mina estaba a 1.600 metros de profundidad. A la mitad de la bajada, una falla mecánica paró en seco el ascensor, y los veinte hombres quedaron atrapados. Fue entonces que surgió un héroe. Mario Cockrell, uno de los mineros, tuvo una idea. Deslizándose por los cables de acero, llagando sus manos, fue guiando, uno por uno, a sus compañeros de trabajo.

Eran ochocientos metros de bajada y, para calmar los nervios de los mineros, les decía una sola cosa: ¡No mires hacia abajo! ¡Mira hacia arriba!

La vida cristiana es una carrera; una carrera con muchos obstáculos que debemos vencer.

El Apóstol, en su carta a los hebreos, capítulo 12 expresó: “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Uno no puede alcanzar el triunfo cuando su vida está cargada de pecado, pues éste es una fuera que nos detiene y no nos permite avanzar; hoy debe examinar su vida y remover todo aquello que lo ha apartado de Dios y su santidad.

El Apóstol continúa diciendo en el verso 2: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Cuando usted pone sus ojos en las Promesas de Dios, cuando usted decide elevar su mirada al Padre todo cambia; si miramos hacia abajo veremos sólo un abismo negro, veremos el fracaso, la desesperación, la desgracia, el infortunio, el peligro y la incertidumbre. Pero si miramos hacia arriba vemos a Dios, esperanza, seguridad, consuelo y paz veremos el cielo azul, el sol brillante a Dios mismo.

El Salmo 23 es el salmo más memorizado de todos los tiempos nos enseña, que no importa la circunstancias, Dios siempre encuentra la manera de llevarnos al destino que él preparó para nosotros; nos lleva a que nuestro corazón se apegue a la casa de Dios, que se una al ministerio, que quede ligado a Dios, porque vivir en la casa de Dios es servirle a Él. David aprendió a siempre mirar hacia arriba; en el Salmo 27.4 declaró: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”

Determínese hoy a ¡MIRAR SÓLO HACIA ARRIBA! Piense en las cosas de arriba, permita que sus pensamientos sean los pensamientos de Dios.