9 DE MAYO · MIRAR LA CRUZ

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14–15).

Recordemos esta historia: “Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel” (Números 21:5-6).

La situación era bien preocupante; las serpientes se veían por todo lugar, la gente moría casi de una manera inmediata, el pueblo había comprendido que esto había ocurrido por causa de la murmuración, y acudieron a Moisés en ayuda.

“Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Números 21:7-9).

El Señor Jesús tomó este ejemplo del pasado para ilustrar lo que representaría Su sacrificio en la Cruz del Calvario. Todos aquellos que por causa de su pecado fueron víctimas del veneno letal de la serpiente, pueden tener acceso a la medicina correcta, que está en la Cruz del Calvario, y mirar a aquel que ofrendó su vida por nosotros, y al hacerlo en fe, recibir vida. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).

Al llegar a mi oficina en Bogotá, mi secretaria me preguntó si podía orar por un pañuelo, pues el hijo de unos discípulos de ella estaba muy grave en la clínica.

Luego hablé con los padres del niño y ellos me dijeron: “Hospitalizamos a nuestro hijo de cuatro años de edad por un problema de apendicitis, y estando en la clínica adquirió una bacteria conocida como “estreptococo”. Esa bacteria se regó por todo su cuerpo y dañó todos sus órganos, su piel, su sangre, porque se desarrolló de una manera muy rápida; el niño estaba completamente brotado. además había hecho necrosis en las dos manos y en los dos pies, y los médicos ya habían dado la orden de amputar.” Cuando el padre puso el pañuelo en el pecho del niño al levantarlo el brote había desaparecido de esa parte, y en la medida en que pasaban el pañuelo por todo su cuerpo el brote fue desapareciendo. Eso fue un miércoles, el domingo siguiente los padres estaban compartiendo el testimonio de sanidad que Dios había hecho con su hijo.

“Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hechos 19:11-12).