29 DE NOVIEMBRE · MIRANDO LA CRUZ

Toda la nación de Israel estaba conmocionada, las serpientes se habían multiplicado en el desierto y habían alcanzado a todo el pueblo; nadie se atrevía a decirle a Moisés que intercediera, pues sabían que la murmuración que habían lanzado contra él, había sido directamente contra el mismo Dios. Sin embargo, la única persona que podía revertir la maldición era él. Para sorpresa de todos, Moisés hizo una gran serpiente de bronce y la levantó en un lugar visible y les dijo que cualquiera que hubiera sido mordido por alguna serpiente, dondequiera que estuviera, debía levantar sus ojos, mirar la serpiente de bronce, y el efecto mortífero desaparecería.

En cuestión de minutos, la noticia se divulgó por todo el lugar y regresó la paz al agitado campamento de Israel. Lo interesante de esto, es que Jesús se compara con la serpiente de bronce. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:14-17).

Jesús se hizo maldición para que todo aquel que fuera tocado por esta, con solo mirar a Jesús, a través de la fe, quedara libre de todo efecto mortífero que la maldición posee. El Apóstol Pablo declaró: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13). La Cruz de Cristo se convirtió en el único medio disponible para que podamos regresar al huerto de Dios. Así como Adán, que por comer del fruto prohibido, sufrió las consecuencias de la muerte espiritual, también nosotros, si comemos del fruto de la Cruz, estaremos muriendo al pecado, y esto cambiará nuestra naturaleza. Con esta nueva naturaleza podremos regresar al huerto de la bendición que Dios preparó para cada uno de nosotros.

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer, también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9). Este pasaje describe el árbol como delicioso, y éste es un prototipo de todas las bendiciones que Dios ha preparado para su vida, las cuales sólo podemos alcanzar cuando el poder de la Sangre de Jesús ha quebrantado la maldición en nuestra vida.

Levante hoy su mirada y observe a Jesús en la Cruz, Él se hizo allí maldición para que hoy usted puede vivir en completa bendición.