10 DE MAYO · EL MILAGRO DEL INTERCAMBIO

Por horas, Jesús permaneció colgado en la Cruz. Cada respirar era una agonía, pues para lograrlo, debía apoyarse en uno de los clavos que había atravesado Sus talones, y el dolor por la opresión de los tendones era insoportable. Sumado a esto, contrajo fiebre a causa de la infección producida por las heridas en todo Su cuerpo. Su vida fue menguando poco a poco. Su Sangre, gota a gota iba cayendo a tierra. Allí permaneció hasta saber que la obra encomendada había sido consumada.

El lograr captar este cuadro en nuestra mente será de gran ayuda cuando más lo necesitemos, pues nos muestra cómo el Señor absorbió toda nuestra iniquidad y toda nuestra maldición, destruyéndola de una vez y para siempre.

Cuando recibimos esta revelación, se opera el milagro del intercambio. Todo lo malo que nosotros hayamos sido es absorbido por el poder de la Cruz de Jesús. Dios toma esa naturaleza rebelde y pecadora, para llevarla sobre el cuerpo de Su Hijo Jesucristo. Todas las bendiciones de Dios vendrán a ser nuestras cuando le hayamos dado toda nuestra vida a Él. Jesús dijo: “Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío” (Juan 17:10b). Para que toda la bendición de Jesús llegue a ser nuestra, primero debemos rendir toda nuestra vida ante Él.

El evangelista Marcos relata cómo cuatro hombres bajaron a un paralítico y lo pusieron al frente de Jesús para que éste recibiera sanidad. Cuando el Señor vio la fe de ellos, miró al paralítico y le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2:5b-7).

El Señor, conociendo los pensamientos de ellos, los miró y les dijo: “¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?” (Marcos 2:9). En otras palabras, “¿Qué creen ustedes que es más fácil, perdonar pecados o recibir sanidad?”.

Piense por un momento en esta pregunta como si Jesús se la hiciera personalmente, ¿Qué diría usted?, ¿Qué es más fácil que una persona sea salva o que sea sana? Creo que las dos son bien difíciles, las personas sólo pueden ser salvas por medio de la Sangre de Jesús; y como expliqué anteriormente, aunque existe un amplio abanico de opciones para buscar la sanidad, también las personas pueden ser sanas sólo por la gracia de Dios. Pues Él dejó a nuestra disposición el frasco de medicina: “… y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).