13 DE AGOSTO · MI RELACIÓN CON DIOS

¡“No sé cómo orar”! ¡”No puedo durar ni diez minutos sin que pasen por mi mente toda clase de pensamientos o que se presenten interrupciones”! Esta es la condición de centenas de personas con las que he tratado.

El poder comunicarnos con el Creador a través de la oración es uno de los más grandes privilegios que podemos tener. Ciertamente es la oportunidad que Dios nos brinda para relacionarnos de manera directa con Él. Jesús no enseñó a Sus discípulos a predicar, pero sí les enseñó cómo orar.

Cuando empezaba mi vida cristiana, un día me hallaba en mi recámara orando; lo hacía con mucho temor pues imaginaba que Dios estaba sentado en un trono con un látigo en Su mano, listo a castigarme si hacia algo incorrecto. Estando en esa actitud, escuché una voz que habló a mi corazón, diciéndome: “¿Y quién te dijo a ti que Dios es así? ¿Acaso no sabes que Él está con Sus brazos extendidos esperando que te rindas en ellos?»

Inmediatamente, en un acto de fe, me arroje a sus brazos que se mantenían extendidos hacia mí. En ese mismo instante sentí que toda la habitación fue iluminada, pensé que alguien había entrado y había prendido la luz. Pero cuando abrí los ojos todo permanecía oscuro y entendí; Dios me recibió en sus brazos.

El escritor a los hebreos nos invita a que nos acerquémonos con corazón sincero. Muchos tratan de encubrir sus pecados con disculpas; y por no querer reconocerlos, ellos no han podido ser libres de sus ataduras. Si usted ha fallado, no justifique su pecado, sino confróntelo. Sólo entonces, podrá arrepentirse de todo corazón y de esta manera alcanzara le favor del Señor.

En plena certidumbre de fe. Si hay algo que nadie puede fingir es la fe, la fe genuina es aquella en la que le damos la libertad a Dios para que él nos moldee como mejor le parezca.

Y esto nos lleva a que nuestros corazones estén limpios de mala conciencia. Juan dijo: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios.” (1 Juan 3:20). Pues sabemos que la sangre de Jesús limpio nuestros corazones de mala conciencia y por tal motivo podemos presentarnos ante él, sin tener de que avergonzarnos. Y lavados los cuerpos con agua pura. Esta es una invitación a que todo creyente cuide su higiene personal.

Juan 3:24, declara: “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.”